de árbol de diana

Aquí vivimos con una mano en la garganta. Que nada es posible ya lo sabían los que inventaban lluvias y tejían palabras con el tormento de la ausencia. Por eso en sus plegarias había un sonido de manos enamoradas de la niebla.

Alejandra Pizarnik


parapoética

Poema: no me jodas.

He estado tratando

de escribirte, desde el maldito aeropuerto

hasta esa caja de zapato en donde vivo,

y que de a poco se va cayendo a pedazos,

y que por culpa tuya - tú y tus perversos compañeros -

cada día huele más a cigarillo.

Y si supieras cuántas botellas de vino

me han costado

te apiadarías si no de mí

de mi bolsillo,

y te vomitarías sobre esa puta pantalla

que también ya va fallando a cada verso

- malo – que acumulan los años.

 

Poemas.

No me jodas.

 

Alice Mar


poniente

Estas mis tardes quietas,

llenas de sol que busca el horizonte;

se cansan de morir…

y serena, paulatina, blandamente

llenan de claroscuros

y grises azulosos la campiña.

 

Este poniente que sube por los ríos

sangre que se devuelve

a la luz de postreras agonías…

Este posar de mis tardes es cántico,

que en las aves que vuelven a sus nidos,

en la vaca que pasta en la pradera,

en la palma que apunta hacia los cielos,

en la choza que desempolva su espíritu

con sus ojos abiertos,

en el camino, mancha como un rastro

herida al verde,

encuentra la armonía acompasada.

 

Estos árboles quietos

buscan mística gloria de un sol de oro,

esas mis flores blancas de pureza

y esos ojos al verde tan lejanos,

ese verde que es todo mi paisaje,

tienen la aspiración de eternizarse

en la pausa callada de mis tardes.

 

Poniente:

ya la herida del tiempo

no es oro en tu costado,

es hemorragia que, paños,

las nubes contener no pueden.

 

!Este quebrantamiento que me obsede

de recuerdos sagrados!

 

Se penetran las sombras lentamente,

ya pierden sus contornos las montañas.

Ya el verde no es más verde,

toma grises oscuros de plegaria.

 

Casi poniente:

ya no más luz.

Sólo queda a lo lejos rastro verde

del moribundo que se aleja

herido por mis tardes.

 

Se arrastra hacia otros ríos.

Busca ansioso otros cánticos de vida.

Mas nos deja en el ser una esperanza

de nuevos días…

de un reino que es canción de eternidades

más cristalino y blanco.

 

!Esas manchas oscuras, coaguladas,

son la señal terrible

de un reino sin más tardes!

 

Moisés Rosa

 


lo que me enseñaron las vanguardias

Todo es cuestión del medio. Yo creo en mi medio. Creo en el medio en sí mismo. Ciegamente. Como un niño. Y mi medio, siempre, y tal vez es triste que haya sido siempre, pero siempre fue, la literatura. El medio siempre fue la literatura, o si se quiere, siempre fue la poesía. Y eso, eso es culpa de mis padres (y mi tío) (y el gran Oto Rosa que fue pastor, y la gran Julia Rodríguez que jugaba conmigo un juego de “memory” que contenía pasajes de la biblia) que creyeron en la poesía todavía más ciegamente que yo. Tanto creyeron en la poesía que creyeron en la biblia, y ellos no lo saben, pero sólo creyeron en la biblia porque era poesía. Y también creyeron en la libertad, y en la revolución, y hasta en la verdad. Pero creyeron en la libertad, y en la revolución, sólo porque la libertad y le revolución les parecían poéticas. Y leyeron a Vallejo, y a Albizu Campos, y también a Ernesto Cardenal, hasta creyeron que Cristo, y el Rey David, tenían algo que ver con la poesía. Y hasta creyeron en Moisés Rosa. Un tipo con ese nombre. El Moisés de los Rosa, que también era poeta y que también era un ministro de Jesucristo, y también era un independentista revolucionario. Luego, el niño que crece con esa creencia en el medio, crecer y creer, en el medio, digo, sospecha. Entre crecer y creer en el medio llega la sospecha. Y uno empieza a sospechar del medio. Porque sin duda, hay algo mal en el medio. Tiene que haberlo, digo, algo mal tiene que haber, aunque todo parezca tan verdadero, y así uno encuentra que la verdad se parece a la belleza. Y Cristo, como la libertad, y como la revolución, tiene algo de verdadero, y sin duda, de bello. Es bello.  Y es también el medio. Entonces uno crece con la creencia, y llega el punto que uno sabe que no se puede deshacer de la creencia. La creencia en la poesía, digo. Entonces uno empieza a leer otras cosas, porque uno sospecha. Y luego de años de esa aventura, de buscar algo que cuestione la creencia, uno se topa, irónicamente, con las vanguardias. Digo irónicamente, porque cuando digo las vanguardias, sobretodo quiero decir Vallejo. Es decir, el mismo poeta que leía Padre, Madre y Tío. El mismo que, la verdad, parece un Cristo. Entonces las vanguardias te enseñan a sospechar del medio. Del mismo medio, digo. Porque el medio en sí mismo es medio cabrón. Es medio elitista. Es medio anti-revolucionario, digo. El medio es medio hijo de puta, porque en el fondo el medio se supone que servía para otra cosa, y así debió ser, pero no lo es. Pero a mí, a mí no me quedó claro qué era la otra cosa, porque como digo, la libertad, cristo, la revolución, todas esas cosas eran el medio.  Y la sospecha es importante, porque si no, no funciona, sin la sospecha el medio no funciona. Pas au-delà dice Derrida.  Es decir, el “paso más allá” y a la misma vez el “no hay más allá” (porque el “pas” en francés es tanto un “no” como un “paso”, digo). Y eso es lo que uno va viendo con el medio. Que hace falta un paso más allá del medio, pero que a uno no le queda mucho más allá del medio, porque eso es lo que le queda a uno. El medio es lo que le queda a uno. Y para eso uno vive. Porque la vida no es muy larga, ¿me entiendes? Porque uno es finito y el medio parece como más largo que uno, pero uno puede faltarle el respeto al medio, sin dejar de quererlo, faltarle el respeto como quien se aventura en una batalla que no puede ganar, porque en el fondo, el medio es más grande que uno. O mejor, no más grande, sino más largo. Es su “largura” el problema. Y uno que sabe que no va vivir mucho, y uno que sabe que el ritmo de vida que lleva uno se lo va llevar más pronto que luego. Y eso aprendí ahora, leyendo las vanguardias, leyendo a Vallejo, y a Borges, y a Breton y a Mayakovski, y a Duchamp, y también a Antelo, y a Dalí, y Dadá, y a Picasso con Frida y con Diego, y ¿por qué no? a Marinetti, y a Arlt, y también a Luis Palés Matos, y sobre todo, y ese sobretodo es importante, importante porque ya hace frío digo, y también porque sobre todo implica un pas au-delà, sobre todo a Macedonio, a mi gran mashedónico Macedonio, a mi amigo Macedonio….

 

Luis Othoniel Rosa


un brindis al día del trabajo (y a los vegetarianos)

(… y le dijo la chica que se había atrasado para la cita porque estaba sembrando perejil

en un campo comunitario. en el día del trabajo…)

¡vivan las hierbas buenas!

las hierbas vivas

las hierbas que hablan

las hierbas que no son inofensivas

zanahorias

tratando de huir de tu plato sin ninguna perspectiva

de salvarse del temible tenedor.

 

vivan las hierbas verdes

las verdeshiedras

las verdevértebras de tu espalda, vivan

los granitos de alegría en mi plato de arroz lleno de grasa

de los restos del asado de ayer.

y vivan las cervezas calientes

las tardes perezosas

los juegos de ajedrez entre encojonamientos

e insultos a la madre escarola.

y que vivan, vivan los primeros negros

que un pobre niño blanco ha visto en la vida

en un pueblecito del sur, cubierto de verdes hierbas

como si fuera cuestión de colores.

 

vivan los gatos callejeros

entre matojos nocturnos paseantes

adoradores de hierbas, ¡vivan!

vivan los trastes en el lavadero, que viva el cigarrillo

en el cenicero. vivan todos los vasos

que sirven de pisapapeles

que viva el abanico que no me quita el calor.

vivan los novios ocupados sin hierba que no te hacen caso

embarazados entre piezas de ajedrez

enervados, entre un juego y otro perdido

sin sentido de humor.

 

vivas al perejil, romeros y laureles

vivas a las hierbas tailandesas, vivas

a todos los trabajadores del sureste asiático

vivas también – por qué no – a las uñas pintadas

bien burguesas

vivas a los vinos de borgoña

y los que no son de borgoña pero que emborrachan como quiera.

vivas a las nenas locas que no se cansan, y a las palabras

que no se cansan, vivan

los que se pasan la vida en frente a una pantalla

sin hierbas, sin reconfortantes berenjenas

vivan los eructos que huelen a verde

que vivan todos los rumiantes

que mastican mata de adormidera, vivan los lunes que son domingos

y la vecina esa gorda sin gatos.

 

pero vivan, sobre todo vivan

los trabajadores

que siembran perejil pero no fuman.

 

(… a lo que yo le contesté: toma nota de lo que te dije, mi amor.

me voy a tomar una siesta.)

Alice Mar


de la escritura automatica

Il en va des images surréalistes comme de ces images de l’opium que l’homme n’évoque plus, mais qui s’offrent à lui, spontanément, despotiquement. […] il ne semble pas possible de rapprocher volontairement ce qu’il appelle “deux réalités distantes.” Le rapprochement se fait ou ne se fait pas, voilà tout.

André Breton

 

Embuste.

Alice Mar


a poem is a city

to a beloved friend who is also a city…


a poem is a city filled with streets and sewers

filled with saints, heroes, beggars, madmen,

filled with banality and booze,

filled with rain and thunder and periods of

drought, a poem is a city at war,

a poem is a city asking a clock why,

a poem is a city burning,

a poem is a city under guns

its barbershops filled with cynical drunks,

a poem is a city where God rides naked

through the streets like Lady Godiva,

where dogs bark at night, and chase away

the flag; a poem is a city of poets,

most of them quite similar

and envious and bitter…

a poem is this city now,

50 miles from nowhere,

9:09 in the morning,

the taste of liquor and cigarettes,

no police, no lovers, walking the streets,

this poem, this city, closing its doors,

barricaded, almost empty,

mournful without tears, aging without pity,

the hardrock mountains,

the ocean like a lavender flame,

a moon destitute of greatness,

a small music from broken windows…


a poem is a city, a poem is a nation,

a poem is the world…


and now I stick this under glass

for the mad editor’s scrutiny,

the night is elsewhere

and faint gray ladies stand in line,

dog follows dog to estuary,

the trumpets bring on gallows

as small men rant at things

they cannot do.


Charles Bukowski


amor me ocupa el seso y los sentidos

Amor me ocupa el seso y los sentidos;

absorto estoy en éxtasi amoroso;

no me concede tregua ni reposo

esta guerra civil de los nacidos.

 

Explayóse el raudal de mis gemidos

por el grande distrito y doloroso

del corazón, en su penar dichoso,

y mis memorias anegó en olvidos.

 

Todo soy ruinas, todo soy destrozos,

escándalo funesto a los amantes,

que fabrican de lástimas sus gozos.

 

Los que han de ser, y los que fueron antes,

estudien su salud en mis sollozos,

y envidien mi dolor si son constantes.

 

Francisco de Quevedo


a la diacronía (brindis)

A La Nena. La de la familia diacrónica


no será de hoy que te sales

a caminar aceras

buscando familias diacrónicas

tresnochadas oliendo a cerveja

ya medio calentada recién salida

de una nevera rota

en una casa donde no hay alfombras

de persia.


no serán de hoy tus rayas

en los ojos rotos de miradas

extraviadas por esos mapas

donde ni en andalucía regalan naranjas

lágrimas primaverales de árboles

sin raiz.


no será de hoy, nena,

que te veré escupiendo poéticas

ahogando ceniceros

en tu comedor que más que platos

alberga latas vacías

ya de anhelos.


a la diacronía

un brindis.


Alice Mar


madrugada

Desnudo soñando una noche solar.

He yacido días animales.

El viento y la lluvia me borraron

como a un fuego, como a un poema

escrito en un muro.


Alejandra Pizarnik


poema del idiota y del héroe (más idiota que héroe. hoy no vuelve)

hoy quiero acostarme con un tigo,

tú también playa acurrucada de bolsillo

reloj, que de pronto se me escapa entre los dedos cuando digo

le he ganado la carrera

al olvido.


y hay quien dice

que tu sexo es demoniocrático y populista,

entre gemidos bakuninianos y protestas proudhonistas

cuando yo, mi hedonista,

anárquicamente te rechazo

y me devuelvo.


y de qué vale inventarnos mapas, nuevos árboles

en los que escondernos, flamboyanes

de plástico entre dones matinales,

mientras me llamas generala y me rogas por mis celos.

y de qué te vale escondernos,

entre panes horneados y metáforas quemadas,

de que valen tus poemas, digo,

si al final de la carrera

uno nunca llega.


hoy quisiera acostarme con un tigo.

y les pregunto a las aceras

cuántas veces, partirientas de pozas te permito,

cuántas veces, cuando el sexo

no es sino es una puerta, un camino

para estarse ahí.


que nos vayamos, que aprendamos otros idiomas

y nos tomemos otro

descansito de la vida.


Alice Mar


hoy no llega


yo quiero chingar con un tigo,

anárquicamente colectivizado,

y hay quien dice que mi sexo es democrático y populista,

y que te amo cuando dejas de ser tú

en otra isla de guano testada que va quedando

aunque ni las islas comparan al mar cuando se me cae de

estos bolsillos rotos y malcriados.


y siempre se nos va la vida en eso

en el idiota y en el héroe,

en el ensayo que practico a diario,

que no en la poesía selectiva.


aliento de fuga que se ahuma,

hoy no llegaron mis amigos

con el six pac de cerveza

y las moñitas de pasto.

no llegó Alicia con sus tortugas,

ni Alfredo con un pedazo de pan recién horneado

y a quién le importa que la vida se vaya?

que se vaya, que se pasee y aprenda otros idiomas.


porque hoy no viene mal tomarme

un descanso de la vida,

y que me habiten los tuses. que mañana coincidan todos

y nos vayamos de fiesta a donde los pájaros

vuelan sus viajes de ácidos

y las caras se despiertan

sin mirarse en los espejos

ondulados que voy dejando atrás


Luis Othoniel Rosa


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 450 seguidores