lo que me enseñaron las vanguardias

Todo es cuestión del medio. Yo creo en mi medio. Creo en el medio en sí mismo. Ciegamente. Como un niño. Y mi medio, siempre, y tal vez es triste que haya sido siempre, pero siempre fue, la literatura. El medio siempre fue la literatura, o si se quiere, siempre fue la poesía. Y eso, eso es culpa de mis padres (y mi tío) (y el gran Oto Rosa que fue pastor, y la gran Julia Rodríguez que jugaba conmigo un juego de “memory” que contenía pasajes de la biblia) que creyeron en la poesía todavía más ciegamente que yo. Tanto creyeron en la poesía que creyeron en la biblia, y ellos no lo saben, pero sólo creyeron en la biblia porque era poesía. Y también creyeron en la libertad, y en la revolución, y hasta en la verdad. Pero creyeron en la libertad, y en la revolución, sólo porque la libertad y le revolución les parecían poéticas. Y leyeron a Vallejo, y a Albizu Campos, y también a Ernesto Cardenal, hasta creyeron que Cristo, y el Rey David, tenían algo que ver con la poesía. Y hasta creyeron en Moisés Rosa. Un tipo con ese nombre. El Moisés de los Rosa, que también era poeta y que también era un ministro de Jesucristo, y también era un independentista revolucionario. Luego, el niño que crece con esa creencia en el medio, crecer y creer, en el medio, digo, sospecha. Entre crecer y creer en el medio llega la sospecha. Y uno empieza a sospechar del medio. Porque sin duda, hay algo mal en el medio. Tiene que haberlo, digo, algo mal tiene que haber, aunque todo parezca tan verdadero, y así uno encuentra que la verdad se parece a la belleza. Y Cristo, como la libertad, y como la revolución, tiene algo de verdadero, y sin duda, de bello. Es bello.  Y es también el medio. Entonces uno crece con la creencia, y llega el punto que uno sabe que no se puede deshacer de la creencia. La creencia en la poesía, digo. Entonces uno empieza a leer otras cosas, porque uno sospecha. Y luego de años de esa aventura, de buscar algo que cuestione la creencia, uno se topa, irónicamente, con las vanguardias. Digo irónicamente, porque cuando digo las vanguardias, sobretodo quiero decir Vallejo. Es decir, el mismo poeta que leía Padre, Madre y Tío. El mismo que, la verdad, parece un Cristo. Entonces las vanguardias te enseñan a sospechar del medio. Del mismo medio, digo. Porque el medio en sí mismo es medio cabrón. Es medio elitista. Es medio anti-revolucionario, digo. El medio es medio hijo de puta, porque en el fondo el medio se supone que servía para otra cosa, y así debió ser, pero no lo es. Pero a mí, a mí no me quedó claro qué era la otra cosa, porque como digo, la libertad, cristo, la revolución, todas esas cosas eran el medio.  Y la sospecha es importante, porque si no, no funciona, sin la sospecha el medio no funciona. Pas au-delà dice Derrida.  Es decir, el “paso más allá” y a la misma vez el “no hay más allá” (porque el “pas” en francés es tanto un “no” como un “paso”, digo). Y eso es lo que uno va viendo con el medio. Que hace falta un paso más allá del medio, pero que a uno no le queda mucho más allá del medio, porque eso es lo que le queda a uno. El medio es lo que le queda a uno. Y para eso uno vive. Porque la vida no es muy larga, ¿me entiendes? Porque uno es finito y el medio parece como más largo que uno, pero uno puede faltarle el respeto al medio, sin dejar de quererlo, faltarle el respeto como quien se aventura en una batalla que no puede ganar, porque en el fondo, el medio es más grande que uno. O mejor, no más grande, sino más largo. Es su “largura” el problema. Y uno que sabe que no va vivir mucho, y uno que sabe que el ritmo de vida que lleva uno se lo va llevar más pronto que luego. Y eso aprendí ahora, leyendo las vanguardias, leyendo a Vallejo, y a Borges, y a Breton y a Mayakovski, y a Duchamp, y también a Antelo, y a Dalí, y Dadá, y a Picasso con Frida y con Diego, y ¿por qué no? a Marinetti, y a Arlt, y también a Luis Palés Matos, y sobre todo, y ese sobretodo es importante, importante porque ya hace frío digo, y también porque sobre todo implica un pas au-delà, sobre todo a Macedonio, a mi gran mashedónico Macedonio, a mi amigo Macedonio….

 

Luis Othoniel Rosa

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