sombras

ayer una sombra se asomó

a mi ventana.

era una sombra, pero era

alguien.

de pronto se me hizo que la sombra

me hablaba.

me hablaba, pero bajito apenas

podía escucharla.

 

extendí la mano

con intención de tocarla.

 

se me esfumó.

 

creo que esta sombra

es de las que no se pueden atrapar.

 

Alice Mar

 


de trilce, siempre

En el rincón aquel, donde dormimos juntos

tantas noches, ahora me he sentado

a caminar. La cuja de los novios difuntos

fue sacada, o talvez qué habrá pasado.

 

Ha venido temprano a otros asuntos

y ya no estás. Es el rincón

donde a tu lado, leí una noche,

entre tus tiernos puntos,

un cuento de Daudet. Es el rincón

amado. No lo equivoques.

 

Me he puesto a recordar los días

de verano idos, tu entrar y salir,

poca y harta y pálida por los cuartos.

En esta noche pluviosa,

ya lejos de ambos dos, salto de pronto…

 

Son dos puertas abriéndose cerrándose,

dos puertas que al viento van y vienen

sombra                    a                  sombra.

 

Cesar Vallejo

 


lejanía

Mi ser henchido de barcos blandos.

Mi ser reventando sentires.

Toda yo bajo la reminiscencia de tus ojos.

Quiero destruir la picazón de tus pestañas.

Quiero rehuir la inquietud de tus labios.

Porqué tu visión fantasmagórica redondea los cálices de esas horas?

 

Alejandra Pizarnik

 


de reojo (nyorican poem for a mexican american little man)

de reojo

desde lejos.

así como si nadie

nos estuviera mirando

como si nada

se entrepusiera

entre nuestras miradas

rotas.

otras.

 

de reojo

despacio.

desde la distancia

que nos asegura

seguras

el sopor de las sillas.

entre mis errores

y tus rubores.

deshaciéndome

entre tus parcas palabras

y los pocos silbidos

que a menudo nos visitan

esas escuetas ventanas.

 

de reojo

despacio.

despedazándome

entre tus dedos largos

como paloma entremanos atrapada.

languideciéndome

entre tus pocas sonrisas

y mis muy continentes

desahogos.

 

sonrisas como soles

sin sentidos sonrojos.

tan remoto como tus ojos

y yo

reiteradamente yerma

de tus sin sentirmes.

 

de reojo.

 

if you could only read me.

desde lejos

apresado por mis estúpidas palabras.

 

Alice Mar

 


don’t fade away

Don’t fade away, my brown-eyed girl.

Come walk with me, I’ll fill your heart with joy.

And we’ll dance through our isolation

Seeking solace in the wisdom we bestow

Turning thoughts to the here and ever after

Consuming fears in our fiery halos.

 

Say what you mean, mean what you say.

I’ve heard that innocence has led us all astray.

But don’t let them make you and break you

The world is filled with their broken empty dreams.

Silence is their only virtue

Locked away inside their silent screams.

 

But for now, let us dance away this starry night

Filled with the glow of fiery stars

And with the down our sun will rise

Bringing a symphony of bird cries.

 

Don’t bring me down now, let me stay here for awhile.

You know life is too short, let me bathe here in your smile.

I’m transcending the fall from the garden.

 

Goodnight.

 

Brendan Perry

 


otoña

hoy se me cayó una hoja.

amarillaba, y se me hacía

más salado el viento.

se me sacuden las flores,

y despacio

me desfloras.

me desplomo, me descompongo,

me hago hongo

hasta que de pronto

se me hacen recios los relojes.

 

hace poco me temblabas.

y a cada temblor

me arrebatabas un poco el tiempo.

pero hace poco

se me salían soles por las sienes

y te sonreía cielos sin nubes.

hace poco me oprimías medias palabras,

mientras te azotaba piedras en las manos.

pero era así.

y hace poco, repito,

hasta me visitaban los pájaros.

 

hace poco

era yo más colores.

pero hoy se me cayó una hoja

y de pronto ya no eras nada más

que un suspiro rancio.

dormí sobre tus designios

mientras me tocabas

por las ramas.

eras agua

y yo, ahogándome en tu tronco.

todo tan lejos, todo

tan lleno de otoño.

 

se me despega una hoja.

hace poco, les digo,

me despegabas.

y ahora es como

deshacerme de tu piel.

deshacerte, desmentirte

disecarnos.

todo tan frío,

todo tan extraño

como si ya no me habitaras.

 

hace poco.

pero ahora se me caen las hojas.

y apenas me visitas ardillas.

me trago a cuestas tus semillas

mientras te ofuscas ante mis afonías.

te apago el sol,

préndeme las chispas.

hasta que se vaya la sequía

y otoño

nos traguemos nuestro polvo.

 

Alice Mar

 


sunrise

sunrise

hoy me desperté como si la oscuridad todavía

dormitara ansiosa sobre mis ojos

como quien sale de una cueva

y a cuestas se cuelga desde sus pies.

es que por esos días los días se me van despacio

como si fueran  los destrozos

de tus cuervos derrocados,

recostados

en esta misma cama donde desde hace mucho

no cabemos nuestros despojos

y desde donde a cuestas, apenas

me despliego.

 

y es que por esos días no tengo ganas

de existirlos. los días, digo.

por esos días no tengo ganas

de salir de esta cárcel voluntaria

en la que se convirtió mi colchón

ni de ver el salir del sol,

esa maldita mancha que inmensa

invade mi ventana

apagándome el sueño y encendiéndome los ahogos

cada vez que vuelvo a recostar mis párpados insomnes

y que siempre

siempre, con la luz me trae más cuerpos.

 

no tener tiempo para llorar mis muertos.

no morirlos, levantarme todos los días por la mañana

como si fuera posible la vigilia

como si fuera deseable

esa copa de café que me amarga

la garganta.

no llorar mis muertos,

mimarlos como bebes desmamados

desmadrados, desalmados

despiadados

como suelen ser los niños.

no llenar la copa

que me borra la luz

y donde se recodan

cansados

mis turbados recuerdos.

 

no llorar mis muertos.

por esos días no tengo días

ni siquiera para mis recuerdos.

levantarme, no llorar.

hasta que venga, bendita sea

la próxima noche.

 

Alice Mar

 


voz de lo sedentario y lo monótono

Días iguales – largos como caras sombrías

de señores que llegan a casa de visita,

y hablan, tiesos, de vagas ciudades destruidas,

de templos demolidos y éxodos de familias.

 

Días hostiles. Salir de una estéril vigilia

con los ojos hinchados por la bohemia vampira.

Un amargo sabor en la boca y neblina

en el cerebro para pensar sobre la vida.

 

Ir al correo. Ver gente toda desconocida

que discute la guerra, y jadear de fatiga

ante el automatismo de las posturas rígidas

del doctor, del letrado y del comisionista.

 

Días… Las calles anchas bajo el sol aturdidas.

El polvo entre las ruedas de coches y tranvías.

Una mujer que pasa perfumada y altiva,

y al fin – ¡al fin! – un perro con sarna: poesía.

 

Y estarse soñoliento sentado en una silla

del café de alcoholes y de negras bebidas,

y estarse, así, con ganas de emigrar… ¡qué fatiga!

¿Cuándo brotará el alba sonora de otro día?

 

Noches de ojo de búho que en la sombra se afila.

Aúllan los perros negros en la montaña lívida,

en las encrucijadas los crímenes meditan

y se abren los prostíbulos y las hoscas garitas.

 

Alcohol y lujuria. Y la carne crepita.

La carne, ese fermento de manzana podrida.

La soledad absorbe como esponja vacía,

y abajo, un gusaneo de miseria, y arriba…

 

Insomnio de murciélago de esa poetería

que lleva sobre el pecho una llaga encendida.

Las horas caen aisladas, como gotas letíferas

de filtros que levantan viscosas pesadillas.

 

Noches de bandoleros y prostitutas tísicas.

Sangra el pulmón enfermo y los pechos se inflan.

Sobre el viento oleoso de las calles sombrías.

la tos se abre como una doliente margarita.

 

Y estrujar en la cama la neurosis de avispas,

con los nervios crispados cual bruscas sabandijas,

y esperar, en un sueño de alcanfor y fatiga

el canto de la alondra que anuncia el nuevo día.

 

*

 

Iría así, de viaje, por un camino inter-

minable, en un cupé largo, pesado y gris.

Y jadear el cansancio del caballo y tener

la remota visión de un lejano país.

 

Y mirar las llanuras secas de hojas y cañas,

y el crepúsculo húmedo como una flor postrera,

y sentir la carroña senil de las montañas

en un reflorar tardo de oscura primavera.

 

¡Oh pueblo gris y opaco! – città morta – diría

D’Annunzio. Gente oscura y densa, de sombrías

pasiones. Resolanas inmóviles, y rígidas

tertulias de honorables señores de botica.

 

¿Pero cómo yo pude vivir aquí? ¿Qué línea

sedentaria y monótona pudo tirar mi vida;

y cómo en esta aldea chata, feroz y esquiva.

pudo nacer la rosa triste de mi poesía?

 

¡Oh pueblo gris y opaco! Santiago Rusiñol.

(Una calle de cal bajo el terrible fuego

solar. En la botica, conservada en alcohol

una tenia: ¡la única notoriedad del pueblo!)

 

¡Oh el deleite enfermizo de estar convaleciente

de una larga parálisis en un jardín riente,

y escuchar como una música muy lejana

las voces cariñosas de la madre y la hermana!

 

¡Estaría tan inmóvil en mi sillón de ruedas!

¡Habría tanta fiesta de sol por las veredas

del jardín, que hasta gracias al Señor le daría

por mis piernas inválidas y mi vida baldía!

 

Luego viene una amiga de mi hermana a indagar.

–  ¿Cómo sigue enfermo? ¿Aún no puede andar? –

Y mi hermana, mirándome con velado temor,

diría lo de siempre”- Hoy se encuentra mejor…

 

– Hoy me siento mejor, sí -. Yo, con mi ironía

rencorosa de inválido también respondería;

presintiendo que nunca me podré levantar

de mi sillón de ruedas… Una ansia de llorar,

 

larga, eterna, profunda, me oprime el corazón.

Pero ¡bah! esto no es nada. Doy un brusco empujón

a mi amigo que gusta rodar por las veredas,

y allá voy, como siempre, en mi sillón de ruedas.

 

Luis Palés Matos

(de mal humor)