se fuga la isla

Se fuga la isla

Y la muchacha vuelve a escalar el viento

y a descubrir la muerte del pájaro profeta

Ahora

es el fuego sometido

Ahora

es la carne
la hoja
la piedra

perdidos en la fuente del tormento

como el navegante en el horror de la civilación

que purifica la caída de la noche

Ahora

la muchacha halla la máscara del infinito

y rompe el muro de la poesía.


Alejandra Pizarnik



la cantidad novelable (esbozo de una novela infame que jamás llegará a escribirse)

En esta novela hay un académico frustrado y un escritor. Más bien, un

académico frustrado que es un escritor y una poeta depresiva que nadie lee.

En esta novela, el académico frustrado se hace un escritor famoso, se gana el

noble, y se casa con la poeta depresiva que nadie lee. La poeta depresiva se

convierte entonces en la esposa alcóholica y excéntrica del escritor famoso,

que la mantiene como se mantienen ciertos vicios y pasatiempos. Hasta que

algún académico frustrado, escribiendo una tesis doctoral que a la verdad

nadie llegará a leer, descubre que era ella, y no el escritor famoso la gran

artista realmente. Y entonces el escritor famoso se convierte en la esposa

alcóholica y los dos se mueren en la infamia sin haber conocido nunca la

felicidad.

 

Alice Mar

 


autoepitafio

Mal poeta enamorado de la luna,

no tuvo más fortuna que el espanto;

y fue suficiente pues como no era un santo

sabía que la vida es riesgo o abstinencia,

que toda gran ambición es gran demencia

y que el más sordido horror tiene su encanto.

Vivió para vivir que es ver la muerte

como algo cotidiano a la que apostamos

un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.

Supo que lo mejor es aquello que dejamos

-precisamente porque nos marchamos-.

Todo lo cotidiano resulta aborrecible,

sólo hay un lugar para vivir, el imposible.

Conoció la prisión, el ostracismo,

el exilio, las múltiples ofensas

típicas de la vileza humana;

pero siempre lo escoltí cierto estoicismo

que le ayudó a caminar por cuerdas tensas

o a disfrutar del esplendor de la mañana.

Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana

por la cual se lanzaba al infinito.

No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,

ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto

(ni después de muerto quiso vivir quieto).

Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar

donde habrán de fluir constantemente.

No ha perdido la costumbre de soñar:

espera que en sus aguas se zambulla

algún adolescente.


Reinaldo Arenas



doble noche

I

La noche no logra terminar,

malhumorada permanece,

adormeciendo a los gatos y a las hojas.

Estar aprisionada entre dos globos de luces

y mantener, como una cabellera

que se esparce infinitamente,

el oscuro capote de su misterio.

La noche nos agarra un pie,

nos clava en un árbol,

cuando abrimos los ojos

ya no podemos ver al gato dormido.

El gato está escarbando la tierra,

ha fabricado un agujero húmedo.

Lo acariciamos con rapidez,

pero ha tenido tiempo para tapar

el agujero. Hace trampa

y esconde de nuevo a la noche.


II

Entré en el cuarto,

no me decidí a encender la luz.

Estaba un hombre sentado en un taburete,

su espalda toda frente a mis ojos.

No lo sentí como extraño

ni alteraba la colocación de los muebles

ni el botón de la luz.

Como en una explicación casi inaudible

dije: Uno.

El otro, con su cuerpo inmovilizado,

moviendo sus labios con sílabas muy lentas,

me respondió: el cuerpo.

Temeroso, con gran culpa, encendí la luz.

El otro seguía en su taburete,

comenzó entonces como un debate ciceroniano

en el senado romano,

golpeando las almohadas con los puños.

El gato absorto y lentissimo

comenzó de nuevo a esconder la noche.


José Lezama Lima



ojos de resaca

ahora es así. comunicarse entre sombras. entre lomas de palabras encondidas

en la alfombra. encendidas por la noche, palabras de una noche que no

duerme, que no mira un ojo insomne, una lengua que apenas cabe en la

boca.

 

pero ahora es así. resiento tan solo, no haberte dicho que tenías ojos de

resaca.

 

Alice Mar