aquí

“Si uno cierra bien los ojos, es capaz de escuchar lo imaginado”

Alfred Dust

esta noche soñé que te pinchaba la barbilla

y que desde el otro lado de la puerta

sonreías.

esta noche soñé que no dormía

and who has never slept on a hammoc.

 

esa noche soñé

pero en mi noche no hay coquíes

ni de bolsillo, ni sapos

que me arropen el insomnio.

 

este saberme sin hogar,

sin mapas

que me entregaran tu errancia.

 

qué triste todo

cuando ya no estoy aquí.

 

Alice Mar


recuerdo en marseille

A Mara Pastor, por la inspiración involuntaria


“… le génie qui nous avait donné le pouvoir merveilleux de voir ce qui n’est pas, mais ce que nous voulons… Ce que nous voyons les yeux fermés est aussi réel que les yeux ouverts.”

André Breton

Te recuerdo en Marseille.

Tú leyendo a Bolaño,

antaño ruido de olas, sinfonías de grillos

color a lavanda invadiendo

el viento por la varanda.

 

Te recuerdo en Marseille.

Tú vaso de vino absorto,

romero dorado de sol, tú pan

con mantequilla y tu flauta

todavía dormida sobre la mesa.

 

Yo ojos cerrados

y tú, siempre

leyendo a Bolaño.

 

La frenêtre n’a jamais fermée.

Hay dias que quisiera

que todos los días fueran hoy.

 

Alice Mar


de invitación al polvo

Dichoso aquél que vive su mentira

y llora por la vieja vellonera

aquél que al recordar se desespera

y la foto estrujada nunca tira.

 

Dichoso aquél que cuenta en una acera

del hombre a quien amó (y a nadie mira)

su memoria no sabe qué es la ira

su soledad no sabe qué es la espera.

 

Su cafetín no es cárcel de la pena

sino escritorio de su eterna lucha

de cuero son sus párpados de plena.

 

A los otros molesta porque es mucha

loseta malgastada en su condena:

¡Qué sordo aquél que el corazón no escucha!

 

Manuel Ramos Otero


caja china, o la cantidad re-novelable (re-escritura del esbozo de una novela infame que jamás llegará a escribirse. escrito a muchas manos)

A Alfred, por su polvo. Digo, por su cumple.


En esta historia hay un escritor esquizofrénico y un académico depresivo. Más bien, un

escritor esquizofrénico que se convierte en un académico depresivo, drogadito y alcohólico.

En esta novela, el escritor esquizofrénico, utilizando su enfermedad a su ventaja, consigue

un trabajo en una universidad estadounidense a partir del sistema de cuotas, y se hace un

académico famoso. Sin embargo, el escritor esquizofrénico nunca llegará a ser feliz: sabrá

que sólo se convirtió en un académico famoso a causa de su enfermedad, y se entregará

de lleno a las drogas y alcohol.

 

Hasta que un día el académico famoso, ahora académico depresivo, drogadicto

y alcohólico, se recuerda de que era en realidad un escritor esquizofrénico, y decide

escribir una fábula contando la historia de su vida. En su fábula, el académico depresivo

que era un escritor esquizofrénico será una tortuga que quería ser boxeador, pero que

termina como estudiante doctoral de literatura en una respetable institución estadounidense.

Una mañana cualquiera, mientras estaba en el gimnasio, la tortuga conoce a un conejo que

quería ser bailarina, pero que por imposibilidades físicas, también se había hecho estudiante

doctoral de literatura. La tortuga entonces invita al conejo a tomarse unos tragos en una

barra, donde pasan horas y horas compartiendo sus sueños y frustraciones. El amor se

hace.

 

En el intento de entregarse a su pasión desenfrenada sin las restricciones que les

imponía la vida académica, y de huir de su mutua frustración – como también de la escritura

de sus respectivas disertaciones doctorales, por supuesto -, tortuga y conejo toman la

decisión de hacerse un viajecito a la luna. Cuando llegan a la luna sin embargo, se les hace

que la luna no era tan emocionante como lo prometían los guías turísticos. Para colmo, por

un fatal error de cálculo, la tortuga pronto se da cuenta de que no había traído consigo una

cantidad de drogas que le bastara para su estadía en la luna, y entra en proceso de

withdrawal. Así que tortuga y conejo, recusándose a tragarse una frustración más – y ante

la precaria situación de la tortuga -, se van de la luna a marte, donde se encuentran con

muchas fiestas, drogas y alcohol. Tortuga y conejo viven ilusionados por un par de meses,

pero no tardará para que su adicción a las drogas y el alcohol les traiga problemas: la

pareja pronto se endeuda hasta el cuello, hasta que su drugdealer extra-terrestre pierde

la paciencia con ellos, y los bota de marte a puntapiés.

 

Como ángeles sin alas, tortuga y conejo se caen del cielo, y devueltos a las intemperies de

la vida académica, deciden entonces escribir una fábula para evadir la depresión. En su

fábula, habrá un mono que no sabía lo que quería de la vida y un panda que quería ser

ninja. El mono no quería que el panda se hiciera ninja, porque temía perder a su amigo.

Muy determinado, el panda se entrena en Kung-Fu, Jiu-Jitsu, Muay Thai y Karate. El mono,

sin saber qué quería de la vida, se mete en un concurso televisivo, a ver qué le reservaría el

azar. Y así resulta que por ironía del señor azar, y a pesar de todo el esfuerzo del panda, el

mono se gana el concurso televisivo, y es premiado con un programa en Spike, donde

luchará con perros, gatos, pescados y otros animales, haciéndose en luchador muy, pero

que muy famoso. El panda, celoso de su antiguo amigo, y consciente de sus limitaciones

como luchador – debido al sobrepeso mantenido con una harta dieta de eucalipto – matará

al mono a balazos de su AK-47, y después cometerá suicidio tomándose una copa de una

bebida púrpura redondeada con oro en polvo.

 

Al ver su fábula concluida, tortuga y conejo, llegando a la brillante conclusión de que escribir

tampoco era para ellos, deciden hacer la única cosa productiva que podrían hacer y

terminan generando un bebe, que por supuesto heredará los genes de sus padres y se hará

drogadicto y alcohólico. El académico depresivo que era un escritor esquizofrénico, privado

de tal opción, decide cambiar el tema de su disertación y escribir sobre la fábula de la

tortuga y el conejo, lo cual terminará de destruir su imagen como académico depresivo y

escritor, quedándole sólo lo de esquizofrénico.

 

El saltamontes, pues, observa todo en el más absoluto silencio, hasta que termina aplastado

por el bebe de la tortuga y el conejo – que por la borrachera no alcanzó ver al saltamontes

en el piso.

 

Estudiantes de Segundo Semestre de Español (Editado por Alice Mar)


(des)ganas (breve ejercicio de glosa poética)

A un príncipe

Qué ganas de beberme las ruinas, de acostarle las cenizas

a la noche, qué ganas de abrirme las ventanas,

y dejar que intrusos

entren los insectos.

 

Qué ganas de escupirme las corazas, lanzarle llamas el viento,

qué ganas de sacarle la basura a los zafacones,

de oler los cigarrillos

muertos en los cenizeros.

 

Qué ganas de espantarme el insomnio, y de que me visite tu sombra,

qué ganas, digo,

de que me mires por los ojos de la espalda.

Ganas de escalarme laberintos,

qué ganas de que sean peldaños. Y que no tengan salida.

 

Cansada de cielos, cansada,

en fin, de saberme ángel caído.

 

Qué ganas, de que me desganes.

 

Alice Mar


a julia de burgos

Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga

porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

 

Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de Burgos.

La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz,

porque tú eres ropaje y la esencia soy yo;

y el más profundo abismo se tiende entre las dos.

 

Tú eres fría muñeca de mentira social,

y yo, viril destello de la humana verdad.

 

Tú, miel de cortesanas hipocresías; yo no;

que en todos mis poemas desnudo el corazón.

 

Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no;

que todo me lo juego a ser lo que soy yo.

 

Tú eres solo la grave señora señorona;

yo no; yo soy la vida, la fuerza, la mujer.

 

Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;

yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos,

en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.

 

Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;

a mí me riza el viento; a mí me pinta el sol.

 

Tú eres dama casera, resignada, sumisa,

atada a los prejuicios de los hombres; yo no;

que yo soy Rocinante corriendo desbocado

olfateando horizontes de justicia de Dios.

 

Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;

en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,

el cura, la modista, el teatro, el casino,

el auto, las alhajas, el banquete, el champán,

el cielo y el infierno, y el qué dirán social.

 

En mí no, que en mí manda mi solo corazón,

mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.

 

Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.

Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes,

mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.

 

Tú, clavada al estático dividendo ancestral,

y yo, un uno en la cifra del divisor social,

somos el duelo a muerte que se acerca fatal.

 

Cuando las multitudes corran alborotadas

dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,

y cuando con la tea de las siete virtudes,

tras los siete pecados, corran las multitudes,

contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,

yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.

 

Julia de Burgos

 


la cantidad olvidable (esbozo de un cuento infantil infame no destinado para niños que insiste en no acabar. repetición del sentimiento de finitud)

A un sapo

En esta historia hay un sapo y una princesa. Más bien, un príncipe que era sapo y una

princesa que era un ángel caído. La princesa que era ángel, cansada de cielo, fingió un día

tropezar en una nube, y se cayó en una barra donde el príncipe que era sapo tomaba una

cerveza para olvidar los problemas que en realidad no tenía. El príncipe que era sapo,

encantado con la belleza de la princesa, se acercó a la ella sin aviso y le ofreció una

cerveza, sin saber que la princesa era, en realidad, un ángel caído. La princesa sonrosó.

El príncipe sonrió. Sabía que se había ganado la víctima. Así que príncipe y princesa, sin

saber que eran sapo y ángel caído, se entregan a su pasión desenfrenada y pasan días y

días encerrados en el castillo de la princesa, entre mucha música, risas y copas de vino.

Nunca, entre nubes, había imaginado la princesa que podía ser tan feliz.

 

Hasta que un día la mama sapa supo que su hijo andaba por ahí con una princesa que, se

decía, no sólo era ángel caído, sino princesa ángel caído alcohólica. De pose de tan segura

información, y valiéndose de la incuestionable teoría de la manzana podrida, la mama sapa

decide así enviarle a su hijo a un centro de rehabilitación para curarse del mal que le habría

causado la princesa ángel caído, y que entonces descubre que su príncipe en realidad era

sapo y que la había estado engañando todo el tiempo. Y así la princesa que era ángel caído

se sumerge en una profunda melancolía, se hace verdaderamente alcohólica, y pasa el

resto de sus días esperando el regreso de su príncipe, que jamás regresará porque nunca

había sido príncipe sino sapo sumido en fango.

 

Alice Mar

 


otro de trilce, celebrando al poeta…

Rumbé sin novedad por la veteada calle

que yo me sé. Todo sin novedad,

de veras. Y fondeé hacia cosas así,

y fui pasado.

 

Doblé la calle por la que raras

veces se pasa con bien, salida

heroica por la herida de aquella

esquina viva, nada a medias.

 

Son los grandores,

el grito aquel, la claridad de careo,

la barreta sumersa en su función de

¡ya!

 

Cuando la calle está ojerosa de puertas,

y pregona desde descalzos atriles

trasmañanar las salvas en los dobles.

 

Ahora hormigas minuteras

se adentran dulzoradas, dormitadas, apenas

dispuestas, y se baldan,

quemadas pólvoras, altos de a 1921.

 

César Vallejo