sílabo

profesar es el nombre del juego
es un perverso desenrollo de bellaquería,
me dice Alice, como quien me acusa y luego se ríe,
yo no le creo, pero los disfruto a ellos, mucho
y ¿a quién le importa si demasiado?,
que no me jodan, uno no se tiene que avergonzar de eso
pero luego,
hormiga que regurgita kropotkiana,
uno piensa en lo que se digiere a medias,
y luego se comparte,
ellos comen de ahí,
y en el proceso de convertir en mierda lo que regurgito,
lo cambian.
me interesa esa otra materia orgánica,
como los que dicen que los hijos se cagan,
Alice continúa, y me dice que está convencida
de que su gato ha desarrollado el síndrome de Estocolmo,
eso lo explica todo, le digo,
pero quién sabe,
hay tantas maneras de interpretar los pensamientos felinos,
entonces se cruza el ángel que huye de los pitufos
difuminados en la luz
que no nos pertenece
que te perversa, mi Alice,
y así se marchan los que nunca aterrizaron,
se atenaza lo que responde a otros tiempos,
profesar es el nombre del juego…

Luis Othoniel Rosa
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