prólogo a guisa de ars poetica (o prólogo a “poemas para la ama de casa insomne”)

mesapuestaLas camisas hay que plancharlas bien.

Con goma, para que se vea bien su señor

director.

A la falta de esta claras de huevo,

de las que quedaron

del bizcocho de ayer.

Los huevos, por lo pronto,

a fuego bajo, siempre

que a los huevos hay que cuidarlos bien

y cocinarlos de a poco, ya dijo,

creo, el manual de cocina

de la esposa de ayer.

(qué mucho la extraño)

 

Entre huevos y camisas, la cama.

esa, claro, bien tendida,

que entre la cama y la mesa no hay sino un brinco,

y entre claras y bizcochos apenas

la plancha.

 

Pero de afuera hay que cuidar también

de los jardines de hierbas y verduras

y frutas y flores y todo eso que se ve

en las revistas. Enanos,

enanos de jardín y mangueras,

que hay que echarles agua a las plantas

aunque se las escondan (las mangueras, no las plantas).

Y de paso, hay que echarles agua a los enanos

también.

Hay que espantarlos

para que no invadan la casa

ni se coman la comida

de los perros.

 

La alfombra de enfrente,

la de la puerta de las visitas,

siempre dirá “welcome”

así sin fango, porque lo sucio se queda afuera

bien afuera,

con los demás deshechos

de la ama de casa que no duerme.

 

Adentro, bueno, vasos vacíos,

jugo de frutas con un tinte de alcohol.

Muchos que lavar por la mañana, por cierto,

los vasos hay que lavarlos antes

de que se despierte el señor director.

Pero la camisa está planchada,

la cama tendida, la alfombra de enfrente,

casi limpia de pisadas.

El poema, pues, pulido.

Por ahora.

 

Alice Mar

 

P.S.: la ventana estaba abierta y el viento llenó de polen el poema. Es primavera. Hay que limpiar todo de nuevo.

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