Ella

Apenas dobló la esquina, sentí que se había percatado de mi presencia. Sabía que yo estaba allí. La Mujer detuvo sus pasos, aprietando con fuerza tal vez excesiva la mano de niña que tenía enlazada a la suya. De lejos, pude intuir un leve estremecimiento. Había llegado la hora. Y Ella lo sabía.

Me fui acercando despacio. Los tacones resonaban en la calle como si todo el mundo se hubiera detenido para observar el más profundo silencio. Le toqué la espalda con mi pistola, por debajo de la blusa, para que sintiera la frialdad del metal. “Todos los caminos me conducen a ti”, sentencié. “Por fin nos cruzamos”, me contestó sin volcar la mirada.

*****

El apartamento no contenía más que los muebles precisos. Una cama, una mesa, unas cuantas sillas. Las constantes mudanzas de casa la obligaban a la sobriedad. Sin decir palabra, le indicó una silla. La Mujer, casi sin soltar la mano de la niña, se sentó. “No me espanta que te haya querido tanto. Eres una mujer preciosa todavía”, dijo. La Otra sonrió. “Para mí el tiempo no ha pasado”.

Recostó la pistola sobre la mesa y caminó hacia la ventana. “Me gusta Buenos Aires”. La Mujer asintió. La niña, de pie al lado de la madre, miraba a La Otra con ojos vidriados, como si estuviera delante de un fantasma. ¿Intuiría lo que estaba por suceder? La Otra caminó de vuelta en dirección a la mesa. Agarró la pistola con tranquilidad acaso fingida y dio dos disparos. La Mujer resbaló en la silla, amenazando caer apenas. La niña tuvo un ímpeto de gritar, pero no pudo. La Otra arrastró el cuerpo de La Mujer con alguna dificultad y lo tiró por la ventana como un bulto. A la niña la bañó, la vistió, y la puso con cuidado en una maleta, como otra niña a una muñeca. “He cumplido.”

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Post Scriptum:

Todas las historias son, en resumen, la historia de un amor o la historia de un crimen. En el mejor de los casos, ambas cosas. Hace años, sus caminos se cruzaron. Hace años, Ella se interpuso en su camino. Estaba enamorada de un hombre que aparentaba quererla mucho y del cual sólo la separaba una ocasional distancia física. Ella, de vacaciones en el Caribe. Él, en Buenos Aires. Lo había conocido por casualidad, como suele suceder en las historias de amor. La Mujer, que acababa de conocerlo, lo invitó a un viaje, un viaje dentro de su viaje. Esa vez no regresó.

Ignoro los detalles de este viaje. Ignoro si fue realmente por esa época que dejó de quererla. Ignoro si fue por esa época que empezó a quererle a Ella, si es que algún día la quiso realmente. Ignoro incluso si la niña a quién acababa de matar era realmente su hija. Pero desde aquella época, no pudo dejar de seguirle los pasos.

Jamás llegaron a conocerse realmente. De ella no habrá visto más que unas cuantas fotos. La Otra, poco a poco, pasó a conocerla como jamás lo había conocido a Él. Como jamás lo había querido a Él. Su obsesión por Ella se hizo más fuerte que cualquier querencia.

Me imagino que se sabía perseguida. Poco importa. La Mujer sabía que un día ella cruzaría su camino. Tenía que. Y sabía que ese día sería el último.

Alice Mar

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