cuando se va la visita

La imagen como cifra del poema, que puede operar metonímica o metafóricamente. La imagen, entonces, no ilustra el poema, ni el poema se presenta como ekphrasis de la imagen. No se explican, sino que se cifran mútuamente. Y entonces la imagen se convierte también en lenguaje, en poema, como el poema, en imagen.

Alice Mar


miércoles madrugada (tercer acercamiento)

… una casa donde no haya amos ni amas, donde amo

amas, a más sin más comas ni másculas máculas de cunas

nanas, bananas ananás de islas llanas, sin llamas ni llagas

valladas acurrucadas arrinconadas entre las cunas de madres enanas, madrugadas

emanas entre llanas palabras insanas insultos reclamas

entre llantos lagrimosos morosos ojos llamas,

de la casa una casa en que caja adentro lluvia de vasos vesuvio vasubios dubios

dudosos de vinos turbios, entre mañanas mañana mañanas…

 

Alice Mar


lunes (segundo acercamiento, nueva casa)

DSC_0609A las burbujas del sancocho.

Un parque, memorias de infancia. A la nieve y los patines.

Hace frío y hay trabajo – es lunes –

donde los árboles desnudos y catedrales niños. De piedra

esas sí, las catedrales, sin hierbas sin verdes,

pero catedrales, al fin.

Caminata rápida desde el carro, pasadas

entre puertas y colegas buenos días,

los lunes, siempre

conversean los pasillos.

Hay nieve, creo.

Libreo y – claro – as always,

tengo sueño.

 

Pero tardes hay

y sancocho el que te espera

en la mesa y amas

de casa en casa entre burbujas y maullidos,

bolitas de amarillos

y caldos de carne con las manchas

de aceite precisas, y la cerveza fría

precisa aunque el termómetro.

Los lunes como domingos no poetizables

se enumeran, los lunes se enumeran, eso digo,

mientras cuentan las horas afuera.

 

Escribo y ya es martes

pero aquí el tiempo se para en un sancocho lunero

– ¿lunarino? –, calentito, cuando apenas son las cuatro

y ya es noche ventana afuera.

Es lunes y hay amas en la casa, y no hay amas en la casa,

en mi casa donde hay calor,

en la casa donde ollas viandas especias trocitos de carne bien barata cocinada

despacito

como baratos los versos los lunes que ya son martes.

Y que me perdonen el símil, pero hace frío

y ya ni siquiera es lunes.

 

Hace frío y hay trabajo. Afuera.

Un gato siempre ventanas,

ventanas cerradas sin calles sin gritos sin ratas

ni siquiera

los cuervos que no son changos

comedores de fast-food y me recuerdan a Poe,

el Edgard, Alan, el de los cuervos,

never more,

porque es lunes y es tarde

y es noche y ya estoy cansada.

 

Hay lunes, siempre. Y hace frío.

Pero ya no hay sancocho.

Y quisiera, querría, que más sancocho aquí,

hubiera más casa.

 

Alice Mar


domingo (primer acercamiento)

hamacabaranda

Una casa donde es siempre domingo.

El gato redondea la ventana,

vasito de cerveza mientras música

y humo

aún cuando sin hamacas. Donde desde afuera,

donde el sol y los vecinos,

pasadas entre ardillas y miradas

sin saludos.

 

Se remiendan escrituras – el sillón –,

libreta entre la hierba y el carbón.

Pero domingo hay ropa sucia y lavadora,

y quehaceres y escoba,

tardes gordas mientras tanto

maúllo. “Voy”, le digo,

y ensayo un bostezo.

 

Es domingo. Y tengo sueño.

Los domingos siempre siestan. Si acaso

ocurren los insectos, un conejo

brinca mientras gato encierro adentro.

La puerta, casi siempre, casi toda abierta,

hacia adonde el pasto que nos es nuestro,

pero que es pasto y hasta incluso

verdea.

Es domingo,

aunque el gato – siempre lunes – no sale.

 

Y se sueñan catedrales

– son buenos los domingos para soñarse catedrales –

y hasta nos visitan sus jardines

de piedra entre hierbas y verduras

– mis macetas –

bajo día y rajadas de manguera.

El gato, puro trueque de ventanas

ocupado tal vez él también del humo,

en lo que adentro despacio

se cocinan habichuelas.

 

Y hay domingos de pasteles

cuando es año nuevo y uno espera

– es domingo – la otra casa.

Y luego llegan los regalos de familia,

pantallas, sortijas, abanicos,

sofrito

– congelado, siempre el sofrito –,

en sus papeles de colores.

Pero hay que bajarse las escaleras,

abrir paquetes,

hasta que de pronto – domingo –

todo se hace casa otra vez.

 

Hay casas donde siempre es domingo.

Y a veces, digo,

hay que bajarse las escaleras.

 

Alice Mar


sílabo

profesar es el nombre del juego
es un perverso desenrollo de bellaquería,
me dice Alice, como quien me acusa y luego se ríe,
yo no le creo, pero los disfruto a ellos, mucho
y ¿a quién le importa si demasiado?,
que no me jodan, uno no se tiene que avergonzar de eso
pero luego,
hormiga que regurgita kropotkiana,
uno piensa en lo que se digiere a medias,
y luego se comparte,
ellos comen de ahí,
y en el proceso de convertir en mierda lo que regurgito,
lo cambian.
me interesa esa otra materia orgánica,
como los que dicen que los hijos se cagan,
Alice continúa, y me dice que está convencida
de que su gato ha desarrollado el síndrome de Estocolmo,
eso lo explica todo, le digo,
pero quién sabe,
hay tantas maneras de interpretar los pensamientos felinos,
entonces se cruza el ángel que huye de los pitufos
difuminados en la luz
que no nos pertenece
que te perversa, mi Alice,
y así se marchan los que nunca aterrizaron,
se atenaza lo que responde a otros tiempos,
profesar es el nombre del juego…

Luis Othoniel Rosa

la reina (de sobre los astros)

Los dedos de la reina ejercían todos los poderes. Ante la tabla de controles sólo ella oficiaba el espanto.

Ante la tabla de controles sólo ella provocaba el ensueño, distribuía los ríos, la dicha, las nobles emociones. Sólo ella nos deparaba el horror y las grandes promesas.

Triunfal, hundió el índice en uno de los resplandecientes botones y contempló, desde la amplia bóveda, el difuminamiento de las nubes. Triunfal, hizo la noche.

Inmediatamente, movió otro dedo, y fue el rocío cayendo sobre los grandes cristales tras los cuales, ella, la Reina, observaba. Con un amplio gesto, presionó otra tecla, y un cohete estalló en el cielo, y 17 constelaciones se esfumaron. Mirando el lejano espectáculo, apretó otro botón y todos los hijos de la tierra se tumbaron en su honor. Ahora reía, reía mientras los actores más notables de la Unión del Universo actuaban para ella. Ahora saludaba marcialmente al ejército que a un movimiento de su mano surgió ante ella, inclinándose… Lloraba: mientras uno de sus dedos provocaba aquella música exquisita, aquella sinfonía que reunía las más altas expresiones de todas las composiciones ejecutadas por un director invitado. La Reina lloraba: danzaba; sí, ahora danzaba en medio de un vasto escenario creado por un movimiento de su dedo gordo; sobre ella caían las luminarias: el público, parapetado en los satélites artificiales, aplaudía delirando. Sólo para ella hizo la lujuria, la pantalla en cuarta dimensión, la primavera. Se deslizó sobre la nieve blanquísima, patinó sobre el hielo; bostezó. La lluvia, ciclones, terremotos, el elogio de millones de criaturas anónimas: su voz resonando en todos los confines… Sus dedos seguían hundiéndose en la tabla de controles: castillos, una guerra interastral a dentelladas, una fiesta, un bosque de chocolate, una enfermedad inconfesable, una plaga más terrible que el tiempo, una palabra fosforecente. Otra vez el solemne desfile, la música, la risa. Y ahora una neblina cayendo, cayendo, cayendo en la playa donde se estrellan todas las audacias, a la vez que retumban los himnos.

Finalmente, la Reina se dirigió con afocatada gracia el dedo medio hasta un extremo del resplandeciente teclado. Y el universo estalló y desapareció. Sólo ella quedó girando, girando en el vació.

Ella, y el estruendo de los aplausos que el eco aún seguía repitiendo.

Reinaldo Arenas


Nuevos pensamientos de Nietzsche o pensamientos desde el limbo

[Texto leído tras mi defensa de tesis en el Cactus Café, sin ceremonias ni privilegio imperial]

No hay trabajo que por mal no venga.

Si quieres vivir de la literatura, mátate.

Siempre que te digan “lo siento”, contéstales: “yo tampoco”.

La mayor de las locuras no está en creerse cuerdo, sino en lograr convencer a los demás.

Para eso sirve la retórica. Y los críticos literarios.

Cuando Dios dijo: “creced y multiplicaos”, no estaba hablando ni de los intelectuales ni de los libros.

Si quieres vivir la literatura, empieza por quemar los libros.

Si alguien te golpea la mejilla, sácate una pistola.

Si te aplauden, échate a correr.

El infierno, definitivamente, no son los demás: somos todos.

Duchamp estaba en contra del arte retinario, pero se le olvidó combatir a las retinas.

No hay arte que por mal no venga.

En la política como en todo, no hay izquierda y derecha: hay golpes que vienen de arriba, y los que vienen de abajo.

Cuando bajes la cabeza, no se te olvide escupir en los propios pies.

Hay tres tipos de persona en el mundo: los idiotas y lo vagos. El tercer tipo está en negación.

Un académico tiene un concepto tan elevado del trabajo intelectual que evita tocarlo.

Dijo: “voy a escribir una novela”. Y se acostó a tomarse una siesta.

El vaso no está ni medio lleno, ni medio vacío: te lo quitaron.

Hay tres tipos de idiota: los vagos, y los que están en negación. Los demás están trabajando.

Sólo en la desgracia nos sentimos solidarios. Más soli que darios.

Antes Darío que mal acompañado.

Hay males que no vienen. Aplastan.

Dios escribe sobre líneas torcidas: hay que estar borracho para seguirlas.

Antes de parir a un hijo, acuérdate de tu mamá.

Sólo hay una diferencia entre los buenos y los malos: unos existen, y los otros no.

El placer fue inventado por una mente perversa para sentirse privilegiada. Esa mente es Dios.

Dios ha inventado el placer para poder quitárnoslo. Y re-venderlo a prestación.

Ergo, Dios es el mayor capitalista del mundo.

Y cuando me desperté, el dinosaurio todavía estaba allí.

Hay tres tipos de dinosaurio: los grandes, los hábiles y los listos. Todos se murieron.

Cuando creas que has llegado al fondo del pozo, sólo sigue bajando.

Más vale un pájaro en la mano que no tener mano.

Cuando llegó el séptimo día, Dios dijo: “Pal carajo. Me voy a tomar una siesta”.

Ergo, Dios es el jefe.

La literatura es vida, pero la vida no lo sabe.

La gallina no cruzó la calle para llegar al otro lado, sino porque venía un lobo detrás suyo. Y así se arrastra la vida.

Sólo hay una cosa más fuerte que una convicción: una frustración. Lo cual es lo mismo.

Dijo: “jamás volveré a rebajarme a este punto”. Y se pegó un tiro.

Más vale una mano vacía que dos ocupadas.

Sólo hay una cosa más difícil de exterminar que un prejuicio: la raza humana.

Cuando caiga la bomba nuclear, los idiotas y las cucharachas seremos los primeros en salir a la superficie.

Las cucharas son el único animal en el mundo que es capaz de alimentarse de pelo. Eso.

Cuando el idiota hace algo de que se avergüenza, dice que está cumpliendo un deber.

Y cuando no se avergüenza es un profesional.

Si te hacen un cumplido, desconfía. Si reinciden, reza por tu alma.

Ofrecerle una mano a un amigo es un gesto noble. Ponerse los guantes, sabio.

Cuando te griten, grita más alto. Si todavía no te escuchan, olvídate.

Hay golpes en la vida, que yo no sé. Pero los demás me los sé de memoria.

Se sacó un libro del bulto y le dijo: “gracias por todo”. Y le dio con el libro en la cabeza.

Cuando sea grande quiero ser astronauta. Y olvidar los tanques de oxígeno.

“Mamá, ¿sabes lo que voy a ser cuando sea mayor?” “Nada, mijo, tú tienes cáncer”

En el mundo están los inferiores, y los que tienen complejo de inferioridad. Los primeros normalmente sufren de megalomanía.

Las pulgas brincan más de veinte veces su altura. Los hombres tropiezan.

“En el camino había una piedra”, dijo el poeta. La señora bosteza, el crítico aplaude.

La diferencia entre los estudiantes graduados y los inmigrantes ilegales es que los segundos ganan más. Y están básicamente en la misma posición legal.

Cuando encierres una etapa de tu vida, esté bien seguro de tragarte las llaves.

Y dijo: “no hay desafío tan grande como que DIOS no me ayude a superarlo”. Y se pegó tres tiros.

La felicidad no tiene precio. They ran out of it.

Si el nombre del juego es “endurance”, vete en el segundo round.

Haz el bien y no preguntes a quién. Y vice-versa.

La diferencia entre un niño y un adulto es de centímetros. La diferencia entre un escritor y un crítico literario es de número de páginas. El último tiene muchas más.

“Mamá, mamá: mira lo que sé hacer.” Y se pegó un tiro.

Siempre habrá más balas que cebollas. Y rimas.

La sociedad no condena a los hombres por sus defectos, sino que vende maneras de corregirlos.

La paciencia es un plato caliente que se sirve frío. O algo así.

Hay tres tipo de vagos: los que fingen que trabajan y los que creen que trabajan. Y luego están los vagos.

Perdonar es divino, culpar es humano.

Sólo una cosa no hay: la gratitud.

Despacio se llega al abismo. Y rápido también. Pero la velocidad en la caída es constante.

“Levántate y anda”, dijo el poeta. Y se tomó una siesta.

Hay tres tipos de aforismos: los filosóficos y los cómicos. Los demás son literatura.


poema sin título

It’s too late in the night.

You say it’s too late in the night

And you have to wake up and work and smile and it’s too late in the night

Because you, you know, you have to sleep and I don’t sleep but you have to sleep

And work and it’s too late in the night and you have to sleep and I

Won’t sleep but you are the one who has work to do and you are the one

Who has a bed that does not hurt you late in the night because

You have to sleep.

 

And you don’t see the tears.

And you don’t see the tears and they don’t

Tear you but they tear me and you don’t see them

‘Cause you have to sleep and I have to go to bed and live

With all the pain and all the noises I hear

And all the children crying ‘cause it’s all my fault

You have to sleep, it’s too late.

And all these children crying it’s not your fault

I have to sleep because it’s too late in the night and we’ve talked too much about it

And we’ve had enough and it’s too late

You see

I’m tired.

 

I go to the shower and it’s too late

To wash my hair and I go to the shower and wash

Everything away and it’s too late to wash

It’s just too late and you have to go to bed.

And then I scracht my face as I wash it away and I know I should be in bed

And as I dry my hair I think it’s too dry to go to bed

And I know you don’t care ‘cause it was way too late

And you had to work and I have to work

And it’s

Just tyring

To go all through it.

And I know it’s hard for you to hear I don’t know what too late

Is, because I have no night no work

To do that late, you see;

I don’t. I have no worries bigger than the night you have to sleep

And my bed is in pain and I can’t

Sleep in it because it’s too late in the night to even listen to it.

 

And I hear it in my ears, and I feel in my womb and I know

It’s time to go to bed ‘cause I have work to do and

Smile

To do as early in the morning as you do.

As I wash my hair so late in the night as you

Sleep in a bed that doesn’t hurt you

As i do.

 

But it’s too late in the night, you know,

And you have some work to do.

And maybe it’s too late for you to say it

It’s too late in the night and I am

Tired of I crying

And I am tired of you blaming me I’m tired that late tired and I’m crying

Way too late I’m crying

‘Cause that’s just not the right time I’m crying and the clock keeps

Ticking, ticking, ticking

That bed that doesn’t hurt

Cause your legs ain’t open and you’re not tired

And there’s no line of shame and no one is vomiting

And it’s all about that smile, you know.

That doesn’t come without eight hours of sleep right in front of you and it’s late in the night and there’s no light

And it’s all good in the morning ‘cause you have some work to do.

You see?

 

It’s too late in the night and I’m ashamed of all my hate.

But this is way too late.

 

Alice Mar