un año

flores de plástico

“as flores têm cheiro de morte.”

titãs

 

hace un año, más o menos,

que me moriste. un año

entre palabras

malgastadas de ensueño

y crisantemos

afilados

como puñales en el pecho.

 

no recuerdo mi muerte;

no me has permitido siquiera

la serenidad del recuerdo lejano.

si tanto, la intuyo

como intuye la bala que rápida

atraviesa la espalda el soldado,

como intuyo tu presencia opresiva

en ese paréntesis

que me envuelve.

 

hace un año, más o menos,

era yo más colores.

y tú, más húmedo que la tinta

que redondea

los cálices de esas horas.

hace un año,

la lluvia que ahora me traga

la tierra

sabía a semilla disipada alegre por el viento

y la caída del sol

no despertaba los cuervos que duermen

en los intersticios

de esa cama mal hecha.

 

anda, celébralo.

te ofrezco mi cadáver frío

y los crisantiempos

que hace mucho se pudrieron

con los vestigios de mi imagen.

 

Alice Mar

 

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soy

Soy el que sabe que no es menos vano

que el vano observador que en el espejo

de silencio y cristal sigue el reflejo

o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.

 

Soy, tácitos amigos, el que sabe

que no hay otra venganza que el olvido

ni otro perdón. Un dios ha concedido

al odio humano esta curiosa llave.

 

Soy el que pese a tan ilustres modos

de errar, no ha descifrado el laberinto

singular y plural, arduo y distinto,

 

del tiempo, que es uno y es de todos.

Soy el que es nadie, el que no fue una espada

en la guerra. Soy eco, olvido, nada.

 

Jorge Luis Borges

 


suspiros tristes, lágrimas cansadas

rain-drops

Suspiros tristes, lágrimas cansadas,

Que lanza el corazón, los ojos llueven

Los troncos bañan y las ramas mueven

De estas plantas, a Alcides consagradas;

 

Mas del viento las fuerzas conjuradas

Los suspiros desatan y remueven,

Y los troncos las lágrimas se beben,

Mal ellos y peor ellas derramadas.

 

Hasta en mi tierno rostro aquel tributo

Que dan mis ojos, invisible mano

De sombra o de aire me le deja enjuto,

 

Porque aquel ángel fieramente humano

No crea mi dolor, y así es mi fruto

Llorar sin premio y suspirar en vano.

 

D. Luis de Góngora

 


perdón

hoy me he sentado a caminar

recorriendo tus destrozos

con la punta de los dedos

mientras la pared, atroz

me acusaba

tu ausencia.

 

hoy eras más nube

y yo más oscura que tus ojos,

más oscura

que los pájaros que cuelgan

de la espalda

que me miras.

 

hoy era la vergüenza

y la insuficiencia de la palabra

perdón.

a lo lejos,

aniñada en mi cuello,

perdón.

 

Alice Mar

 


como espuma en la arena

espuma en la arena

y de pronto, todo seco. frío y seco. como si todo el calor de mi cuerpo hubiera sido tragado

por la arena donde desaguas. como si todas tus olas se hubiesen recluido, formando un

torbellino donde aún trenzan sus sendas los últimos peces plateados. y ya no soy isla, no

soy nada. nada sino un reflejo borroso que apenas se entrevé en las escamas resecadas

que quedan en la arena. nada sino un cuerpo de todo desierto tendido en la playa.

 

no es que yo desaparezca, no. es lo otro que se me va. lo otro, lo húmedo. el calor que

ahora mismo me cerraba los párpados desabrochándome la boca en flores blancas.

el calor que ahora mismo me soplaba primaveras en el cuello. es lo otro, el que se me va.

como las mareas.

 

a veces queda un poco de espuma en la arena. y me la trago. pero la espuma está siempre

a punto de desaparecer. y entonces es sólo un frío seco traspasándome el oído,

rascándome la piel. escamas partiéndome los labios rajados como cristales de arena. la

arena, esa. arena fría y seca que se me queda entre tus escombros.

 

Alice Mar

 


donde comienzas tú

Soy ola de abandono,

derribada, tendida,

sobre un inmenso azul de sueños y de alas.

Tú danzas por el agua redonda de mis ojos

con la canción más fresca colgando de tus labios.

¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte

por mis brazos mojados,

y no quiero perderte ni en la sílaba!

 

Yo fui un día la gaviota más ave de tu vida.

Mis pasos fueron siempre enigma de los pájaros.

Yo fui un día la más honda de tus edades íntimas.

El universo entero cruzaba por mis manos.

¡Oh, día de sueños y ola;

Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron.

Y pasó la mañana,

y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio

y pasó el alba noche resbalando en los astros,

exhibiéndose en pétalos

y pasó mi letargo…

 

Recuerdo que el mirarme con la voz derrotada,

las dos manos del cielo me cerraron los párpados.

Fue tan sólo una ráfaga,

una ráfaga húmeda que cortó mi sonrisa

y me izó en los crepúsculos entre caras de espanto.

Tú nadabas en mis olas retardadas e inútiles,

y por poco me parto de dolor esperando.

 

Pero llegaste, fértil,

más intacto y más blanco.

Y me llevaste, épico,

venciéndote en ti mismo los caminos cerrados.

 

Hoy anda mi caricia

derribada, tendida,

sobre un inmenso azul de sueños con mañana.

Soy ola de abandono,

y tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas.

 

¡Amante, la ternura desgaja mis sentidos…

Yo misma soy un sueño remando por tus aguas!

 

Julia de Burgos

 


la última inocencia

Partir

en cuerpo y alma

partir.

 

Patir

deshacerse de las miradas

piedras opresoras

que duermen en la garganta.

 

He de partir

no más inercia bajo el sol

no más sangre anonadada

no más fila para morir.

 

He de partir

 

Pero ¡arremete, viajera!

 

Alejandra Pizarnik

 


acabar con todo

flame

Dame, llama invisible, espada fría,

tu persistente cólera,

para acabar con todo,

para acabar con todo,

oh mundo seco,

oh mundo desangrado,

para acabar con todo.

 

Arde, sombrío, arde sin llamas,

apagado y ardiente,

ceniza y piedra viva,

desierto sin orillas.

 

Arde en el vasto cielo, laja y nube,

bajo la ciega luz que se desploma

entre estériles peñas.

 

Arde en la soledad que nos deshace,

tierra de piedra ardiente,

de raíces heladas y sedientas.

 

Arde, furor oculto,

ceniza que enloquece,

arde invisible, arde

como el mar impotente engendra nubes,

olas como el rencor y espuma pétreas.

Entre mis huesos delirantes, arde;

arde dentro del aire hueco,

horno invisible y puro;

arde como arde el tiempo,

como camina el tiempo entre la muerte,

con sus mismas pisadas y su aliento;

arde como la soledad que te devora,

arde en ti misma, ardor sin llama,

soledad sin imagen, sed sin labios.

Para acabar con todo,

oh mundo seco,

para acabar con todo.

 

Octavio Paz