otro de invitación al polvo

Para que sepas que siempre estarás invitado a mi polvo

Alice Mar

Arráncame la vida y el cuero de esos sueños

que huelen todavía entre mi cuerpo y mi cama

ruinoso cenicero de tus huesos podridos

ansiosa rebelión de sucia resolana

sangre descuartizada de sótano sin luz

que siempre los de arriba llaman alma.

Derríteme la boca de calles orinadas

hasta que ya no sepan a la ciudad que fue

que cada zafacón es una estatua violada

que cada farol es un pellejo de sol.

Para eso es la cama que ahora te reclama.

Para que Dios aprenda a morir como Dios

en el polvo de patos, en cada leche fatua,

en idas y venidas que inventan madrugadas

y lubrican la nada del músculo perfecto.

Suicídame al placer sin refugios de viento

que no conozco cielos y desconozco infiernos,

soy vidrio bruto, negro, fuego sumo sin tiempo

que quisiera volver a morir en lo suyo

donde no hay mío y tuyo, solamente nosotros.

 

Manuel Ramos Otero

 

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